Jaque

Por Matías Saravia Literatura

Por los pasillos de la cárcel, el nuevo recluso recibía en igual cantidad insultos y piropos mientras lo trasladaban esposado a su nueva morada.- No te preocupés, son buenos chicos una vez que los conocés - Le llegó desde atrás de su nuca la voz del guardia.El golpe de las rejas al cerrarse a medida que avanzaban, retumbaba en los oídos del delincuente con la fuerza de un trueno.- Además la sacaste barata, estás en el pabellón especial, no sé qué contacto tenés pero deberías agradecerle.Se detuvieron frente a una celda en la cual alguien descansaba sobre la cama leyendo un libro titulado "La importancia de un peón".- Arriba, que llegó tu nuevo compañero.El guardia empujo dentro de la celda al recién llegado, cerrando la reja detrás de él. El barbudo, tatuado y musculoso habitante apoyó el libro sobre el suelo, se levantó de la cama, se detuvo delante del recién llegado y lo miró a los ojos de manera penetrante.

Con la sartén sujeta por el mango, Carmen se acercaba sigilosamente al inesperado huésped. El recuerdo del último asalto todavía estaba fresco en su mente a pesar de haber transcurrido varios meses. Una mezcla de furia y terror la hacia avanzar temblorosa pero decidida. En segundos que parecieron horas contempló la posibilidad de llamar a la policía, idea que descartó por la ineptitud que habían demostrado en encontrar al ladrón; el mismo ladrón que no solo continuaba suelto, sino que había irrumpido nuevamente en la casa y ahora estaba sentado en el sillón del living. Levantó el brazo con los músculos tensos y, con la fuerza propia de un cuerpo de unos 90 kilos compactados en 1,60 metros, arremetió sobre la cabeza desprevenida, protegida únicamente por un pasamontañas de lana negro. El asaltante se desplomó instantáneamente sobre el tablero de ajedrez de la mesa ratona, haciendo que el rey negro cayera al piso y estallara en pedazos.Armando bajó corriendo las escaleras, buscando la fuente que reproducía insultos a un volumen altísimo. Al ver la situación, corrió a levantar el cuerpo inerte y recostarlo sobre el respaldo del sillón.- ¿Qué hiciste Carmen? ¿Qué pasó? - susurró Armando.-  ¡Volvió, volvió el muy basura!Armando tomó a Carmen por los hombros, mientras observaba en dirección a la escalera.- Tranquila, tranquila, no grites más que vas a despertar a todos.- ¿Qué pasa ahí abajo? Armando, ¿qué es ese quilombo? - La voz de Susana bajaba desde la planta alta.- ¡Volvió el lad... - Se detuvo a la fuerza cuando la mano de Armando le cubrió la boca.- ¡Nada querida, volvé a la cama! ¡No pasa nada!El portazo proveniente de la habitación puso una pausa a la situación y todos se relajaron. El dueño de casa se arrodilló al lado del cuerpo inerte del criminal e intentó despertarlo.- Señor, debe ser el mismo ladrón de la vez pasada. Voy a llamar a la policía.De un salto, Armando se puso de pie e intento rodear con sus brazos la circunferencia de Carmen para detenerla.- ¡Pará, Carmen! No sabemos quién es, ¿mirá si es algún vecino con amnesia que entró confundido a la casa?- Señor Armando, tiene un pasamontañas puesto.De un solo tirón Armando le quito el pasamontañas al ladrón.- Está fresco afuera Carmen. Creo que lo reconozco del barrio, lo voy a acompañar hasta su casa.- Al lado del sillón hay apoyada una barreta. - Señaló Carmen con el dedo índice.Armando, sin prestar atención a lo dicho, levantó cuidadosamente los pedazos de cristal del rey negro y comenzó a mirar el tablero con detenimiento. Sujetando con la mano izquierda su barbilla, se sentó en el sillón opuesto al anestesiado visitante.- Y tiene una remera blanca y negra a rayas. - Continuó, ahora sí sacando a Armando de su ensimismamiento.- Tenemos que llevarlo al jardín y dejarlo ahí para que tome aire y se desp...De un salto, el ladrón se levanto del sillón, tomó la barreta y le dio con ella un golpe a Armando por la espalda, tirándolo al piso. Mientras se daba vuelta aun atontado, Armando vio como una sartén voladora golpeaba al intruso justo en el mentón, haciendo que se eleve unos centímetros en el aire y caiga golpeando con la espalda la mesa ratona, partiéndola a la mitad y destruyendo todo el tablero de ajedrez de cristal.- ¡El tablero! - Gritó Armando, con el tono de una damisela en peligro.La puerta de la habitación de arriba se abrió y Susana bajó corriendo. Al ver la situación comenzó a gritar desconsoladamente, lo que despertó a los niños, que al ver la situación comenzaron a gritar desconsoladamente.

- ¿Está segura que nadie en la casa es sonámbulo?- Le digo que no oficial, alguien entró en la casa y revolvió todo. - Repitió Susana una vez más, a punto de perder la paciencia.- Pero no se robó nada, ¿no?- Todavía no notamos que falte nada, pero abrió la caja fuerte. No hay dudas que quisieron robarnos.- ¿Es la primera vez que alguien entra a robarle?- Sí, y más vale que sea la última; no vivo en un barrio cerrado para ser víctima de la inseguridad.- Quedesé tranquila, señora, si descubrimos algo nos comunicamos con usted.El policía agarró la visera de su gorra mientras inclinaba la cabeza hacia adelante, dio media vuelta y se retiró. Susana se ajustó fuertemente la bata, se sentó en el banco del desayunador y suspiro profundamente.- ¿Le hago un cafecito, señora?- Por favor Carmen. Y después acompañá a los chicos al colegio.Armando caminaba por el living mirando todo con detenimiento, intentando encontrar alguna pista. Secretamente siempre creyó que con su pasión por la lógica y su intelecto, debería trabajar como detective y no como banquero.- Carmen, ¿vos estuviste limpiando el tablero de ajedrez? - Preguntó Armando con las cejas fruncidas.- No señor, usted me dio orden de no tocar ni el ajedrez ni su biblioteca.Sin comprender completamente lo que estaba haciendo, Armando avanzó el peón blanco, enfrentado al único peón negro que estaba fuera de su posición inicial.

El intruso recuperó el conocimiento e inmediatamente notó la falta de movilidad en sus brazos, que se encontraban atados por detrás de su espalda a una columna. Lo primero que vio al abrir sus ojos fue a un niño parado frente a él, que lo miraba atentamente.- ¡Mamá, se despertó el chorro!Todos abandonaron sus posiciones y se acercaron al ladrón formando un semicírculo a su alrededor.- ¡Hijo de puta!, ¡¿volviste para robarte lo que no pudiste la vez anterior?!- Tranquilizate, Susana. - Armando sujetó a Susana, que estaba pateando al criminal y la alejó de este.- Chicos, vayan a sus habitaciones. Carmen llevalos.- Tengo miedo papá, ¿si se suelta?- Quedate tranquila Maca, ya debe estar por llegar la policía.- ¡Vas a ir preso sorete, por hacerme quedar como una loca con la policía!- Susana, ¿por que no volvés vos también a la cama que yo me encargo de esto?Tomándola por los hombros, Armando guió a su esposa hasta la escalera, no pudiendo evitar que antes de retirarse ésta escupiera al delincuente en la cara. Una vez que la puerta se cerró, Armando se acercó al ladrón y se colocó en cuclillas frente a él.- ¿Qué vamos a hacer ahora?El criminal continuó sin emitir ni una sola palabra.- Tendrías que haber tenido más cuidado. - Ante la falta de respuesta, Armando continuó - ¿No te bastó con que deje la alarma apagada?- Venir todas las noches me hizo confiarme demasiado. - Fueron las primeras palabras del delincuente.- No te puedo dejar ir. ¿Qué le voy a decir a mi mujer?- Si dejás que me lleven preso, se acabó todo.Armando dio la vuelta a la columna y comenzó a forcejear con la soga.- Carmen la ajustó demasiado.Comenzaron a oírse sirenas a lo lejos, lo cual paralizó a Armando unos segundos, luego de los cuales volvió desesperado a su misión de desatar al ladrón.

Como un niño después de la noche de Navidad, Armando bajó corriendo ansioso las escaleras y se sentó de un salto en el sillón frente a la mesa ratona, mirando concentrado las fichas del ajedrez.- ¿Qué hacés otra vez jugando a eso solo? - Le dijo Susana desde la cocina, mientras sus hijos terminaban de desayunar. - ¿Hoy no tenías la reunión con los CEOs de las empresas? Acordate que antes tenés que llevar a tus hijos al colegio.- Sí, ya sé, ahí voy, ahí voy, dame un segundo. - Y agregó para sus adentros - Este tipo sabe lo que hace.- No sé para qué le diste vacaciones a Carmen si sabías que tenés una semana movida.Armando movió el alfil, se paró y dirigió a la biblioteca, que ocupaba por completo una larga pared. De ella tomó una enciclopedia de gran tamaño, la abrió y de adentro sacó una carpeta con hojas impresas que guardó rápidamente en su maletín laboral.

Dos figuras corrían en la oscuridad alejándose de la luz de las sirenas. Una se detuvo y tomó el hombro de la otra mientras inclinaba su torso hacía adelante y respiraba agitadamente.- ¡No doy más, seguí vos solo!El ladrón se dispuso a correr nuevamente.- ¡Pará! ¿Qué le digo a la policía?El fugitivo se colocó el pasamontañas sobre la cabeza.- No es problema mío.- ¿Cómo que no es problema tuyo? Estamos juntos en esto, no les puedo decir la verdad.- Inventá cualquier excusa.- Les puedo decir que me tomaste como rehén.- Estaba atado a una columna.- Dame una mano, yo te liberé. Vos sos el criminal acá, se te tiene que ocurrir alguna mentira.- Más respeto que no soy ningún mentiroso.- ¡Allá los veo! - se escuchó gritar a lo lejos, mientras unos perros ladraban.Armando y su captor comenzaron a correr nuevamente, hasta llegar a un alambrado, donde se detuvieron y se miraron a los ojos.- Haceme patita para que pueda saltar al otro lado.Armando entrelazó los dedos de ambas manos y las acercó al pie del delincuente, pero cuando este se disponía a apoyarse en ellas, las separó.- ¿Vamos a seguir con lo nuestro?- No, es demasiado peligroso. Además se rompió el tablero. Haceme patita que ya vienen.Las luces de las linternas estaban cada vez más cerca cuando el ladrón cayó del otro lado del alambrado.- No podemos dejar la partida por la mitad. ¿Qué movimiento habías hecho?- Fue muy lindo mientras duró. Pero por más tentador que sea, no podemos seguir con esto.- Tiene que haber una manera. ¿Si nos juntamos en algún lado? O por internet.-¿Todavía no te avivaste? ¿Para qué te creés que volví la segunda noche si la primera no robé nada?- ¿Para ver si había respondido a tu jugada?- Mirá, tengo que reconocer que sos el rival que más me hizo gozar en mi vida y que hace más de un mes que entro a tu casa todas las noches únicamente para hacer mi movida, pero no laburo de entrar a casas ajenas a jugar partidas de ajedrez.- Ya sé que sos chorro, pero no me importa. Si te tengo que blanquear ante Susana, estoy dispuesto a hacerlo.- Armando, no soy chorro, soy espía. Si mi cliente se entera que mantengo contacto con vos, se pudre todo.Los ojos de Armando se abrieron a la par que su boca.- Igual no te preocupés, no solo no pude ganarte al ajedrez, sino que tampoco logré encontrar evidencias en tu contra. Fue un gustazo Armando, nos vemos en otra vida.El espía se alejó corriendo, pero Armando no pareció notarlo.- ¿Un espía?A los pocos segundos el fugitivo reapareció frente al alambrado tratando de volver a saltar hacía el otro lado sin éxito. Segundos más tarde un perro comenzó a morderle un tobillo, mientras lo arrastraba por el piso.- ¿Saben lo del banco? - preguntó Armando, ignorando los gritos de dolor y sin interés en recibir una respuesta.

El guardia empujo a Armando dentro de la celda, cerrando la reja detrás de él. El barbudo, tatuado y musculoso habitante apoyó el libro sobre el suelo, se levantó de la cama, se detuvo delante del recién llegado, lo miró a los ojos de manera penetrante y lo sorprendió dándole un fuerte abrazo, acompañado de una amplia sonrisa.- ¡Armando, llegaste! Soy yo, ¿no te acordás de mí?El recién llegado miró al desconocido con cara de pocos amigos.- Nos conocimos personalmente hace un par de años. Cuando vi por la tele que había saltado todo el quilombo del lavado a la luz, me acordé de vos y me aseguré de que termines en esta celda. Tuve que cobrarme varios favores.El presidiario se agachó y de debajo de la cama sacó un tablero de ajedrez.- ¡Taráaan! Ahora vamos a poder jugar todo el día, todos los días.