Reroll

Por Matías Saravia Literatura

Otra extensa noche de juegos había finalizado. Las largas mesas de paño verde aún tenían desplegados sobre ellas los tableros de las últimas partidas. La preocupación de Horacio por despedir a los visitantes para poder correr hacía su cama y arrojarse sobre ella, era mayor que la de tener que ordenar todos los juegos él solo. Cosa normal cuando se tienen más años que pelos en la cabeza.- Nos vemos Horacio, la pasamos muy bien. ¡Que se repita pronto! - Clamaba un invitado semi ebrio, mientras era arrastrado por su chofer hacía su limusina.Una caravana de autos de lujo abandonaba el lugar y en su mente Horacio anotaba el nombre del beodo en una lista negra.Las reuniones de juegos en la mansión de Horacio Dickinson eran alimento de muchos chismes en la alta sociedad. Debían cumplirse condiciones muy estrictas para ser invitado y poder disfrutar de una de las colecciones más grandes del mundo durante cuatro días consecutivos, sin interrupción. A pesar de haber cambiado la periodicidad de eventos mensuales a anuales, la avanzada edad del anfitrión le dificultaba cada vez más llegar en condiciones al final de la maratón lúdica.A los chismes y al estricto código de etiqueta que él mismo imponía, le debía Horacio el continuar soltero. Si no fuese porque el hobbie al que le había dedicado su vida requería la presencia de otras personas, sin lugar a dudas se hubiese convertido en un ermitaño. No es que no tuviese empleados que mantuviesen la mansión funcionando, pero guardar los juegos era una parte disfrutable del ritual y no permitía que su mayordomo, ni ninguna mucama los toque. Sin embargo, la tarea quedaría para el día siguiente, después de dormir las horas que el cuerpo creyese suficientes para dejar de recordarle a que generación pertenecía.Se dice que el ejercicio mental mejora la calidad de vida en edades avanzadas y Horacio era la muestra viviente de eso. Pero el haber jugado juegos todo una vida, no impide tener momentos de distracción. Camino a su habitación Horacio levantó una lata de bebida energizante y la llevo hasta sus labios, sin lograr saciar su sed debido a la falta de contenido. Tomó la jarra con agua, llenó el cubilete y bebió el contenido de un solo trago.

Nicolás se preguntaba de dónde había obtenido los genes amantes de los caballos, mientras caía sobre el piso lleno de heno del establo a causa de un golpe en el estómago.- Para que te quede claro que las deudas de juego se pagan.El hombre musculoso y con nariz zigzagueante le revolvió los bolsillos sacándole los pocos billetes que estos contenían.- Y si no pagás lo que te falta, por ahí la próxima vez Don Cosme manda a alguien menos cariñoso que yo.El matón que acababa de abandonar el lugar no mentía; el dolor de estómago era algo temporal, pero los dedos no volvían a crecer si eran cortados, y para alguien como Nicolás era fundamental poder contar de diez en diez. Esa misma noche tenía planeado ganar dinero suficiente para pagar sus deudas, contando cartas en una reunión de juego clandestina.En la entrada del establo una figura oscura era recortada por la luz del día.- ¿Nicolás Márquez?- Llegás tarde, me acaban de sacar los pocos billetes que me quedaban. Te prometo que en unos días junto la plata y saldo todas las deudas. ¿Quién te manda, Marcio?- Represento a la firma de abogados Lichskin y Brown, lo estamos buscando hace semanas.- ¿Quién es tan boludo de mandar abogados para cobrarse una deuda? Decile a tu jefe que los golpes son más efectivos que los papeles.El asistente estiró el brazo, le entregó un sobre de papel madera y se retiró sin mediar palabra. El caballo relinchó fuertemente y se paró en dos patas en el mismo instante en que Nicolás abrió el sobre. Al leer incrédulo el documento por décima vez, logró cerrar la boca y en su lugar dibujar una gran sonrisa en su rostro. Saliendo del establo la luz lo hizo entrecerrar los ojos, lo que le impidió ver el puño que se dirigía a su cara a toda velocidad, noqueándolo.-  Marcio se cansó de esperar, ¿dónde está su plata?Pensándolo bien, mientras se precipitaba hacía el piso perdiendo el conocimiento, quizás no eran los caballos lo que sus genes amaban.

Nicolás miraba sorprendido como la mujer sentada a su lado en la mesa de Black Jack no dejaba de ganar. Tenía tez oscura y su pelo era negro y enrulado, largo hasta los hombros.- ¿Se planta? - interrumpió el crupier el estado de ensueño en el que se encontraba Nicolás, maravillado por los labios carnosos y los ojos rasgados de la dama.- Otra... ¡La reputa madre!Se levanto de la mesa y su cabeza entró de lleno en la nube de humo de tabaco que inundaba el amplio sótano, haciéndolo toser compulsivamente.La noche no había cumplido con sus expectativas. Lo único que lo reconfortaba era la carta que había recibido por la tarde. Se relajó en un sillón, recordando que por primera vez en mucho tiempo estaba ahí, no "trabajando" como había planeado inicialmente, sino disfrutando de una actividad que le resultaba placentera. Todas las preocupaciones se habían esfumado, en unas horas tendría más dinero del que podría apostar en toda su vida. Curiosamente este pensamiento le dejaba un sabor amargo.- ¿Venís siempre acá?La misteriosa mujer se sentó a su lado.- Cuando logro juntar la plata para la apuesta mínima. Nunca nos habíamos cruzado.- Esmeralda, mucho gusto. Es la primera vez que vengo, y la última.La mujer señaló con la vista al crupier de la mesa que habían abandonado, quién hablaba con un hombre de seguridad, mientras miraba en dirección a ellos.- ¿Contás la cartas?- No, veo el futuro.La risa de Nicolás se detuvo cuando vio que no la acompañaba ninguna otra risa.- ¿Tenés poderes? - preguntó burlonamente.- Disculpame, pero me tengo que ir urgente. - La mujer se paró y se dirigió a la puerta.- ¡Pará! - Nicolás la siguió.En la salida se toparon con un hombre de gran estatura, brazos como troncos y nariz zigzagueante, quién los detuvo. Nicolás entró en pánico al verlo e intentó esconderse detrás de la dama.- Todavía no tengo la plata, no me diste nada de tiempo.- Quedate tranquilo que a la noche hago laburos de seguridad nomás. Eso si, antes de salir la señorita va a tener que devolver toda la plata que se ganó haciendo trampa.- ¡No hice trampa!Nicolás nunca supo de donde salieron los genes heroicos que lo llevaron a defender físicamente a una desconocida. Quizás se trate de una cuestión animal, de una especie de baile de apareo para conquistar a una hermosa mujer. La situación transcurrió vertiginosamente en un mar de forcejeos, dando como resultado el segundo nocaut de la jornada.

Unos golpecitos en las doloridas costillas lo despertaron.- VAMOS, ARRIBA QUE SE HACE TARDE.Esforzándose por recuperar la conciencia, la mirada de Nicolás siguió de un extremo al otro el mango de madera que lo impactaba rítmicamente. Su cerebro tardó unos segundos en comprender que lo que estaba viendo era una figura vestida con una túnica negra y una hoz.- NO TE ASUSTES, NO ES TAN GRAVE. A TODOS LES LLEGA EL MOMENTO.Algo en esa profunda voz que parecía no venir de ningún lado y de todos lados al mismo tiempo, efectivamente evitó que entrara en pánico. De hecho hizo que se salteara los primeros dos pasos del duelo, negación e ira, para llegar de lleno al tercero, la negociación.- ¿No tenés que ganarme una partida de un juego antes de llevarme? - También es posible que no haya sido la voz, sino sus genes.- ¡Alejate de él! ¡Vade retro!Por el callejón oscuro se acercaba corriendo Esmeralda.- TRANQUILA, SOLO HAGO MI TRABAJO.- ¿Vos también lo podés ver?- No está muerto, solamente le dieron una trompada.- ACA FIGURA QUE SE SUICIDO.- ¿Puedo elegir poker?- Te digo que solamente recibió un golpe. Si querés llevártelo vas a tener que pasar por encima mío.- NO SE PONGA ASI, SEÑORITA, SEGURAMENTE HAYA HABIDO UN MALENTENDI...- ¡AAAAaaaaaaaaaaaah! - El sonido que produjo el cuerpo al llegar al piso fue una onomatopeya humorística de golpe perfecta.- BUENO, ACLARADA LA SITUACION, ME RETIRO.Nicolás tuvo la sensación de estar olvidándose de algo, pero no de manera natural, sino como si el recuerdo estuviese siendo succionado con una bombilla tapada a través de su frente.- ¿Qué pasó?- Nada, levantate que ya conseguí un taxi para llevarte a tu casa. Estuviste muy valiente.Los carnosos labios le produjeron una onda expansiva de calor al tocar su cachete.

La puerta del despacho se abrió y por ella entró Nicolás, vestido con el mismo traje que la noche anterior.- Perdón por la demora.- Siéntese por favor. - Le señaló un enorme sillón de cuero el doctor Lichskin.- Vengo por el tema de la herencia. - Nicolás sentía como empezaba a atacarlo la ansiedad.- Como bien sabrá, su tío, el señor Horacio Dickinson, falleció hace tres semanas al atragantarse con un dado.- Sí, pobre tiíto, fueron tres semanas terribles para la familia.El abogado comenzó a revisar carpetas con papeles.- El testamento habla de usted, un sobrino lejano al que jamás conoció, como único heredero.Nicolás se aflojó el nudo de la corbata.- Digamé, ¿de cuantos millones estamos hablando?- Lamento desilusionarlo, pero el señor Dickinson donó toda su fortuna a entidades de beneficencia.Unas cachetadas despertaron a Nicolás de su primer desmayo del día. Viendo que la violencia controlada surtía efecto, el asistente del estudio lo soltó y se alejo unos pasos.- Como le decía, la fortuna y las propiedades del difunto han sido donadas en su totalidad.- Disculpame flaco, ¿para que mierda me hiciste venir entonces?El doctor Lichskin hizo carraspear su garganta en demostración de desprecio.- Sin embargo se le ha otorgado a usted la extensa colección de juegos de su tío. Quién creía que alguien de su sangre, por más diluida que estuviese, sabría apreciarla.- ¿Juegos? ¿Para qué quiero juegos? ¿Valen algo?- Mi asistente lo acompañará hasta la mansión, necesitamos que desaloje las habitaciones de juegos cuanto antes.- ¡Pero vivo en un monoambiente! - exclamó en voz alta mientras el asistente lo conducía fuera de la oficina.

Nunca había visto nada igual, lo cual no era extraño dado que no existían muchas ludotecas del tamaño de la del señor Dickinson. Por un instante Nicolás olvidó por completo que estaba en la quiebra y se imaginó invirtiendo el resto de su vida probando cada uno de los juegos. Dedicó toda la tarde a abrir cajas y revisar sus contenidos, como un niño el día de su cumpleaños.- Acá hay unos cuadernos con anotaciones. - Le comentó el asistente del abogado, que había pasado la tarde ayudándolo en la tarea de revisar todo, casi con igual emoción que él; deseando que el heredero le propusiera jugar una partida de algún juego.Los cuadernos tenían grandes etiquetas que decían "colección en orden alfabético" y "puntaje de partidas".- Parece que era bastante aplicado el viejo.- Y analógico - acotó con una sonrisa el asistente, sin lograr que Nicolás se la devolviera.El nuevo dueño de la colección comenzó a mirar el contenido de los cuadernos, pasando las hojas con rapidez. Afuera comenzó a llover repentinamente y el asistente se esperanzó de que su asistido reconociera que se trataba de una situación ideal para jugar un juego.- ¿Qué día murió el viejo? - Pregunto Nicolás mirando la última página del libro de "puntaje de partidas".- 6 de enero, ¿por? - Un rayo impactó en el jardín de la mansión, retumbando en toda la habitación.- Llamá urgente a tu jefe y decile que venga ahora mismo. - Le indicó Nicolás al asistente, mientras tomaba su celular y también se disponía a realizar una llamada.

El mayordomo acompañó a Esmeralda, que estaba empapada por la lluvia, hasta la habitación en la que se encontraban el heredero, el abogado y el asistente jugando un juego. Nicolás se puso de pie y corrió hacia la recién llegada.- ¿Te mojaste mucho? Traele un toallón - Le indicó al mayordomo.- Sí, pero explicame que está pasando acá. ¿Quienes son estás personas, de quién esta mansión?- Anoche me confesaste que eras bruja, ¿no? Bueno, necesito que uses tus poderes para invocar a la Muerte.- Vos estás en pedo, nene. - Esmeralda giró sobre si misma en dirección a la puerta, pero Nicolás la detuvo de un sacudón.- Yo te creí todo lo que me dijiste. Que tenés poderes, que ves el futuro, que vas a casinos clandestinos, los pelás y no volvés a aparecer. Ahora vos confiá en mí. ¿Podés invocar a la muerte o no?- Por supuesto que puedo, ¿qué clase de bruja te crees que soy?Los truenos parecían estar atentos a las conversaciones en la habitación, porque nuevamente un trueno retumbó en la mansión al instante de terminar la frase.- Disculpemé, ¿para esto me trajo acá? Soy un profesional, no tengo tiempo para perder. - El abogado se puso de pie.- ¡Cállese y siéntese! ¡Vos, dame el toallón y traeme sal y todas las velas que puedas! - Para el asombro de todos, Esmeralda había cambiado de actitud y tomado el control de la situación.El mayordomo cumplió con su misión y unos minutos después Nicolás, Esmeralda, el abogado, el asistente y el mayordomo se encontraban iluminados únicamente por velas, formando una ronda, tomados de la mano, alrededor de un círculo de sal con una estrella dentro.- ¡Klaatu barada nikto! - Pronunciaron todos al unísono.En el centro del círculo apareció una figura extremadamente delgada vestida con una túnica negra, sujetando cartas en sus manos.- CON UNA MADERA Y UN LADRILLO, CONSTRUYO UN CAMIN... - Se incomodó al darse cuenta que ya no estaba donde hasta un segundo antes.- Perdón por incomodarlo señor... señora... señor. - Tomó la palabra Nicolás.- MAS VALE QUE SEA IMPORTANTE, ESTABA OCUPADO.- Hace unas semanas se llevó al señor Horacio Dickinson, mi tío. Estamos en este solemne acto, con su abogado presente, para reclamar que lo devuelva a la vida.Hasta este momento había sido un día muy extraño para todos y sin embargo fueron estas palabras las que los hicieron notar que nada de lo que estaban viviendo tenía el menor sentido.- SEÑORITA, EXPLIQUELE COMO FUNCIONA ESTO Y DEJENME VOLVER A MIS TAREAS.- ¡Acá tengo las pruebas!- ¿PRUEBAS?- ¡Sí! Mi tío anotaba los resultados de todas sus partidas en este cuaderno y fijesé lo que dice la última página.- MUERTE 183, YO 182.- ¡Esos son los totales, lea los puntajes parciales!- MUERTE 56, 40, 64, 23, YO 57, 38, 68, 21- ¡Exacto!- ¡Está mal la suma, ganó Horacio! ¡Tiene que devolverlo! - Gritó el abogado comprendiendo su papel en la escena.- 182, 183, 184, NO PUEDE SER, ESTA MAL LA SUMA.- ¡Es lo que dijo mi jefe! - Aportó el asistente, intentando justificar su presencia.- Son las reglas, si ganan sobreviven. - Esmeralda recuperó el mando de la situación.- QUE LASTIMA, NOS ESTABAMOS DIVIRTIENDO MUCHO.Sin una palabra más, la figura desapareció de la habitación, al tiempo que todos sentían un dolor en sus cabezas, como si hubiesen comido el helado más grande de sus vidas, de un solo bocado. Mirándose unos a otros, nadie estaba seguro de lo que había sucedido.- Vaya a atender la puerta. - Le ordenó Esmeralda al mayordomo.- Pero si...El sonido del timbre interrumpió el silencio. Un instante después el mayordomo regresaba a la habitación acompañado de Horacio Dickinson.

Nicolás entró al despacho del doctor Lichskin y apoyó una pila de papeles sobre su escritorio.- Muy bien, puede retirarse, eso es todo por hoy.- Perfecto señor. - Al llegar a la puerta, dió media vuelta - Ah, recuerde que mañana jueves; y viernes, tengo licencia y no vengo.- No se preocupe, vaya nomás.Alguien que haya vivido suficiente tiempo en el submundo del crimen y el juego clandestino, sabe apreciar cuando se le presenta la oportunidad de dar un giro en su vida y dejar todo eso atrás. Gracias a la ayuda monetaria de su tío pudo pagar todas sus deudas de juego y conseguir trabajo fijo en el estudio Lichskin y Brown. Hubiese preferido mudarse a la mansión sin tener que trabajar, en lugar de seguir en su monoambiente. Pero, a pesar de haberse casado con una bruja, la vida no es como los cuentos de hadas y los millonarios no son demasiado generosos.Nicolás subió al auto de su nuevo compañero de trabajo, el asistente.- ¿Vamos?Y partieron rumbo a cuatro días consecutivos de juegos de mesa en la mansión Dickinson.